La verdadera adoración

La adoración es un es un tema muy discutido, especialmente entre los que cantan, sin embargo poco entendido.

Fui criado en medio de música tradicional, himnos y alabanzas que esbozaban las melodías de la nueva ola y también mexicanos.
Viví el comenzar del nuevo movimiento de música cristiana en chile de la voz de: Marcos Witt, Danilo Montero, Jesús Adrián Romero, Doris Machine, Juan Carlos Alvarado, etc. Esto trajo consigo una sensación de mejor adoración.

Música más osada, más rítmica y con estilos poco comunes estaban llenando nuestras congregaciones evangélicas; radios y cultos juveniles. Las oportunidades de canto eran un homenaje a cada nuevo disco que estos “artistas cristianos” publicaban.

La nueva música cristiana se masificó, y con esto, las formas de reunión fueron transformándose de a poco en conciertos con luces de colores y humo; pantallas led y ropas que decían “soy el artista de la iglesia”.

Hoy cuando nos dirigimos a nuestras reuniones esperamos un buen espectáculo, un buen montaje y que los músicos luzcan sus habilidades en el escenario con alabanzas lentas que nos sugieren adoración y alabanzas más rápidas que nos llenan de júbilo.

Los más conservadores están en guerra contra los nuevos movimientos de música cristiana abogando que los himnos, mexicanos y baladas son más espirituales, no obstante, los renovados dicen tener alabanzas más íntimas, frescas y espirituales; y que aquellos con terno y corbata solo se disfrazan por fuera, que son hipócritas. Hablan de los descuidos de vestimenta y look irreverentes considerados blasfemos y que las alabanzas son repetitivas, que cruzan la delgada línea de lo sacro y lo mundano.

Tanto los unos como los otros dicen tener la verdad de la alabanza, pero ¿Qué podemos decir con respecto a esto?

Mi experiencia es decepcionante en los dos lados. Como decía anteriormente, fui criado en una iglesia pentecostal tradicional y me vi deslumbrado también por el nuevo movimiento de música cristiana.
He vivido ambos lados de la moneda, y el problema no es la cara de la moneda, sino la moneda en sí. Me di cuenta que perdimos el norte en este tema, aquí nadie gana, todos pierden.

La biblia nos habla claro:

Juan 4:23: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.

La verdadera adoración no consiste en lo que se hace, sino en el estado que se hace. No es donde, ni cómo, ni con qué, sino que los verdaderos adoradores lo hacen en espíritu y en verdad; con mandolinas o guitarras eléctricas; con escenarios o sin ellos. Si no hay espíritu y verdad es sólo música.

Todas las obras de nuestra vida cristiana deben nacer desde una vida nueva. Cambiar solo algunas costumbres o actitudes no es suficiente cuando queremos hacer obras espirituales. Un nuevo corazón es una vivencia obligada para todo cristiano verdadero.
Juan 3:5-6 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
Los verdaderos adoradores son aquellos que están en el reino de Dios, quienes han nacido de nuevo y cuya “naturaleza dominante” es el espiritual.
La música cristiana perdió su batalla cuando los que la interpretaban intentaron demostrar algo. Algunos intentaban destacar con su reverencia, vestimenta y espiritualidad y otros por su intimidad, originalidad y pericia.
Los cantos espirituales comenzaron a ser un show, unos con luces y humo y otros entre bancas y mandolinas. Unos formales y otros apelando a la confianza delante del Padre celestial. Todos perdimos en este asunto.

Perdemos nuestro tiempo imponiendo a otros nuestros gustos personales de música creyendo que es la verdadera forma de adoración, ya que lo importante es el estado de transformación donde nos encontramos adorando.
Mientras luchamos por ver quién tiene la razón, la verdad bíblica es la ganadora y nosotros, una vez más, los perdedores en este asunto.

Con humildad reconozcamos nuestras fallas; nuestras irresponsabilidades y busquemos vivir en espíritu y en verdad. Dejemos que Dios termine su obra en nosotros transformándonos por completo.

Por Manuel Borquez.

%d personas les gusta esto: